El teólogo que llegó a jefe del Estado
En democracia, Gauck custodió los archivos de la Stasi, la policía política
El 3 de octubre de 1990, el mimo día de la Unificación, Gauck recibió uno de los encargos más complicados en la nueva Alemania. Dirigiría durante 10 años los archivos de la policía política del régimen socialista, la temida Stasi. Su labor como guardián insobornable de la memoria histórica y como investigador de los documentos del sistema totalitario en la RDA cimentaron su reputación de persona íntegra y comprometida. El día de su designación como candidato, Gauck consideró apropiado advertir a los alemanes de que no es “ni Superman ni un hombre perfecto”.
Se ha debatido estos días sobre la verdadera filiación política de Gauck, nacido en Rostock en 1940. Su independencia de los partidos complica las cosas. Cuando Los Verdes y los socialdemócratas lo propusieron para la presidencia en 2010, él mismo se dijo “un liberal conservador de izquierdas”.
Algunas de sus declaraciones de los últimos meses lo perfilan más como conservador que como izquierdista. Así, Gauck ha reconocido sus escasas simpatías por las corrientes ciudadanas que mueven hoy a los alemanes. No ha apoyado las acampadas contra la desregulación financiera ni tampoco las masivas protestas contra las obras de la estación de Stuttgart. Está por ver si seguirá la estela de su predecesor en el debate sobre los problemas de integración social de los inmigrantes.
Walter Haubrich, que fue corresponsal del Frankfurter Allgemeine Zeitung en Madrid hasta 2003, considera en cambio que Gauck está “algo a la izquierda del centro”. Sus defensores destacan su compromiso con las libertades civiles y con la transparencia. No cabe dudar de sus excelentes dotes retóricas ni de su sensibilidad a las emociones del público, afinada durante décadas en el púlpito.
Cuenta Haubrich que Gauck se interesa por la transición política en España y por la relación de los españoles con la dictadura. Hará unos 10 años que el futuro presidente de Alemania ha viajado “cada seis u ocho meses” a Madrid, una ciudad que aprecia “enormemente, por su vida callejera y por el pescado fresco”. No solo de política vive el hombre.http://internacional.elpais.com/internacional/2012/02/20/actualidad/1329770482_605523.html
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